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Mayo 1, 2010
» Normalizando audio

El otro día le conté a Leito que quería emparejar el volumen de mis mp3, así cuando los escucho mezclados en el auto no tengo que andar subiendo o bajando el mismo para tener una experiencia auditiva placentera. Me recomendó usar normalize . En particular, decidí usar la versión normalize-mp3. Lo analicé un rato, y ví que tiene dos modos, mix y batch: mix: calcula el promedio de volúmenes de todos los temas, y normaliza cada archivo por separado para alcanzar este volumen. Este modo es ideal para cuando armamos un "compilado" a partir de distintas fuentes que están a distintos volúmenes batch: calcula el promedio de volúmenes de todos los temas, computa un sólo ajuste para llevar este promedio a lo deseado, y le aplica este mismo ajuste a todos los temas. Este modo es ideal para usar en las canciones de un mismo álbum, ya que el artista decidió que quizás un tema suene más fuerte que otro, y mantendríamos eso. Entonces, vamos a contar mejor qué es lo que quiero obtener, así se entiende cómo lo obtuve. Yo tengo, por ejemplo, toda mi colección de música que son tres directorios: SuiGeneris Kusturica IronMaiden (compilado) Los primeros dos directorios contienen los mp3 de dos CDs que compré y bajé a la compu, manteniendo los volúmenes originales. El tercero es un compilado que armé a partir de otros CDs. Estas canciones son (expresando el volumen en valor ficticio entre 0 y 100 para que sea más fácil hacer la cuenta): SuiGeneris/Tranquila.mp3     40 SuiGeneris/Rocanrol.mp3      60 Kusturica/Balada.mp3   70 Kusturica/Power.mp3    80 IronMaiden/BaladaPower.mp3    70 IronMaiden/TePartoElCoco.mp3  40 Como yo voy a escuchar estos álbumes mezclados, quiero que en general el volumen de los temas de IronMaiden, SuiGeneris y Kusturica sean similares, pero manteniendo las diferencias internas que se haya decidido en cada caso. Entonces, elegí una amplitud para todos (-6dB, por ejemplo, Leito me dijo que era un standard, aunque se puede usar -3db y que quede todo en general más alto), y llevar el promedio de cada álbum a esa amplitud: normalize-mp3 --mp3 --verbose --amplitude 6dB --batch SuiGeneris/* normalize-mp3 --mp3 --verbose --amplitude 6dB --batch Kusturica/* normalize-mp3 --mp3 --verbose --amplitude 6dB IronMaiden/* Corriendo al normalize-mp3 en cada directorio, considerando para el ejemplo que le estoy indicando "50" como volumen objetivo, el tipo hace lo siguiente:  >>> (40+60) / 2 50 (como lo llevaría a 50 justo lo de SuiGeneris me lo deja sin tocar)  >>> (70+90)/2 75 (para llevarlo a 50, tiene que bajar -25 lo de Kusturica) El caso de IronMaiden es más sencillo: como es un compilado y no es el caso de que el artista puso diferentes volúmenes para lograr efectos, se lleva todo al volumen indicado (fíjense que no tiene el --batch en el comando). ¿Por qué no uso --mix acá? Porque yo le estoy indicando qué volumen quiero, no que saque el promedio él. Finalmente, me dejaría: SuiGeneris/Tranquila.mp3     40 SuiGeneris/Rocanrol.mp3      60 Kusturica/Balada.mp3   45 Kusturica/Power.mp3    55 IronMaiden/BaladaPower.mp3    50 IronMaiden/TePartoElCoco.mp3  50 O sea, manteniendo las relaciones dentro de cada álbum, pero emparejando los promedios de los álbumes, y llevando lo compilado exactamente a eso. Analizando los resultados, luego, vi que en algunos temas (no revisé todos), pasó a recortarme sonido. O sea, lo amplificó de manera que algunos picos se van de rango, y eso distorsiona. ¿Se nota el efecto? Sí, abrí archivos con audacity y lo comprobé visualmente, porque la canción me sonaba mal al escucharla. Estuve viendo, y antes esta gente tenía un bug, que se suponía que estaba resuelto (parece que no del todo); teoricamente no debería recortar nunca. Por otro lado, encontré un parámetro "limiter": poniéndolo en 1 no limita nada (recorta cuando debe), y en 0 limita en todas las muestras. Más allá de que esto implicaría que con el valor default (cualquiera intermedio) recortaría en algunos casos (que es lo que me pasa a mí), si lo pongo en 0 nunca hace nada (me dice que la muestra original ya estaba normalizada). Concluí que no me sirve este programa. Borré todo, levanté el backup que había hecho, y pasé a probar con mp3gain . mp3gain, a diferencia de normalize, no rearma el mp3 con el nuevo volumen, sino que luego de analizar la canción y decidir el ajuste necesario, modifica un campo en la metadata del archivo. Este campo es utilizado por los reproductores de mp3 para ajustar el volumen, entonces el efecto es similar. Tiene la ventaja (contra normalize) que no hay ninguna pérdida de calidad porque no transforma el mp3 en wav y luego a mp3 de nuevo, pero tiene la desventaja que el control es más burdo, porque este campo sólo tiene 256 valores distintos. Por otro lado, mp3gain tiene una gran desventaja: no permite que uno le indique a qué volumen uno quiere llevar la música: el programa analiza lo que tiene que analizar, y lo equilibra a todo lo mismo, pero a un valor que él determinó como óptimo. Por lo que probé, baja el volumen aunque no sea necesario (queda rango dinámico para explotar), así que decidí no correrlo sobre toda mi música: solamente lo pasé en los compilados que había armado con canciones de distintas fuentes, para que me queden todos los temas de volumen parecido. La forma de usarlo es sencilla: mp3gain -r IronMaiden/* Con -r le estamos diciendo que aplique la ganancia "Track" automáticamente (todos los archivos al mismo volumen). Pero esto seguro que no puede estar del todo bien, porque no hace un análisis de todo y luego da los resultados normalizando a lo que más conviene en función del total; lo más probable es que sea por eso que lo baja demasiado de volumen, para trabajar sobre seguro en cada uno. Claramente, acá hay que experimentar con distintos valores, para ver cual nos conviene más. Y pensando en esto encontré easymp3gain , que es una interfaz gráfica sobre mp3gain , y nos permite analizar las canciones e intentar distintas ganancias viendo si clipea o no. Entonces, al final, retoqué mis compilados con esto para emparejarlos en volumen, y no hice nada sobre los discos originales que tenía. No es la mejor solución, pero sí lo mejor que pude hacer según el estado actual de los programas.

Noviembre 13, 2009
» Dietas balanceadas del Dr. Oliva

Lo siguiente lo rescaté del disco de Clemente ... ah, ¿qué?... ¿no sabían que Clemente tenía un disco? Anyway... siempre que lo escucho me causa tanta gracia, que lo quise transcribir acá... (nota: los errores ortográficos son del audio original) En una concentración, hay muchas cosas importantes; no sólo correr y jugar al fúlbo. Hay que tener una alimentación adecuada, pa' rendir al máximo.  Pa' eso, nuestra selección cuenta con las Dietas Balanceadas del Dr. Oliva. El programa es así: A las 8 de la mañana, gran mateada con bizcochitos de grasa, palmeritas, cañoncitos con dulce de leche, pastafrola, ensaimada, tortitas negras, medialunas de panadería, pastelitos criollos, cuernitos, vigilantes, pan de leche, y pan con manteca. A las 11, vermú con ingredientes... treinta y dos platitos, treinta y dos. A las 12, almuerzo liviano. Pulenta con estofado y almóndigas, guiso carrero con porotos y chorizo colorado, lechón adobado, parrillada mixta, chivito a la calabresa, chupín de pescado, lasaña rellena, torta de chicharrones, chorizo a la pumarola, pucherito de gallina, y vino de la casa (varios pingüinos). De postre, fresco y batata, banana con dulce de leche, merengue con crema, merengue con crema chantilly, y después, café con sacarina... y coñac. A las 4 de la tarde nos llaman a tomar la leche: chocolate con churros y facturas surtidas. A las 7, empanaditas salteñas. La cena la hacen afuera, en una cantina de por ahí. Y después, a la noche, salen en patota a patear tachos de basura y a tocar timbre por los barrios de Alicante, pa' bajar la comida.

Setiembre 4, 2008
» Che Comandante


No porque hayas caído tu luz es menos alta. Un caballo de fuego sostiene tu escultura guerrillera entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio. Y no porque te quemen, porque te disimulen bajo tierra, porque te escondan en cementerios, bosques, páramos, van a impedir que te encontremos,

Che Comandante, amigo.

Con sus dientes de júbilo Norteamérica ríe. Mas de pronto revuélvese en su lecho de dólares, se le cuaja la risa en una máscara, y tu gran cuerpo de metal sube, se disemina en las guerrillas como tábanos, y tu ancho nombre herido por soldados ilumina la noche americana como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.

Tú lo sabías, Guevara, pero no lo dijiste por modestia, por no hablar de ti mismo,

Che Comandante, amigo.

Estás en todas partes. En el indio hecho de sueño y cobre, y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa de las pieles, y en el azúcar y en la sal y en los cafetos, tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron, vivo, como no te querían,

Che Comandante, amigo.

Cuba te sabe de memoria. Rostro de barbas que clarean. Y marfil y aceituna en la piel de santo joven.

Firme la voz que ordena sin mandar, que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada. Te vemos cada día ministro, cada día soldado, cada día gente llana y difícil, cada día.

Y puro como un niño o como un hombre puro.

Che Comandante, amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña. El de la selva, como antes fue el de la Sierra. Semidesnudo el poderoso pecho de fusil y palabra, de ardiente vendaval y lenta rosa.

No hay descanso. ¡Salud, Guevara!

O mejor todavía desde el hondón americano: Espéranos. Partiremos contigo. Queremos morir para vivir como tú has muerto, para vivir como tú vives,

Che Comandante, amigo.

Nicolás Guillén (de Tengo, 1964)

» Che Comandante


No porque hayas caído tu luz es menos alta. Un caballo de fuego sostiene tu escultura guerrillera entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio. Y no porque te quemen, porque te disimulen bajo tierra, porque te escondan en cementerios, bosques, páramos, van a impedir que te encontremos,

Che Comandante, amigo.

Con sus dientes de júbilo Norteamérica ríe. Mas de pronto revuélvese en su lecho de dólares, se le cuaja la risa en una máscara, y tu gran cuerpo de metal sube, se disemina en las guerrillas como tábanos, y tu ancho nombre herido por soldados ilumina la noche americana como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.

Tú lo sabías, Guevara, pero no lo dijiste por modestia, por no hablar de ti mismo,

Che Comandante, amigo.

Estás en todas partes. En el indio hecho de sueño y cobre, y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa de las pieles, y en el azúcar y en la sal y en los cafetos, tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron, vivo, como no te querían,

Che Comandante, amigo.

Cuba te sabe de memoria. Rostro de barbas que clarean. Y marfil y aceituna en la piel de santo joven.

Firme la voz que ordena sin mandar, que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura de jefe camarada. Te vemos cada día ministro, cada día soldado, cada día gente llana y difícil, cada día.

Y puro como un niño o como un hombre puro.

Che Comandante, amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña. El de la selva, como antes fue el de la Sierra. Semidesnudo el poderoso pecho de fusil y palabra, de ardiente vendaval y lenta rosa.

No hay descanso. ¡Salud, Guevara!

O mejor todavía desde el hondón americano: Espéranos. Partiremos contigo. Queremos morir para vivir como tú has muerto, para vivir como tú vives,

Che Comandante, amigo.

Nicolás Guillén (de Tengo, 1964)